Vino la leyenda bonita. Aquel monje diácono del monasterio de San Andrés iba por las calles de Roma y vio a unos jóvenes altos, rubios, de ojos azules, encantadores. Se los presentaron como “anglos”, y se dijo: ¡Pero, si son unos “ángeles”!… Aquel monje, ya…









