24 de Junio | REGALO CUALIFICADO

24 de Junio | REGALO CUALIFICADO

MEDITACIÓN DEL DÍA:

Jesucristo nos dio por Madre nuestra a María Santísima. Y nos encargó que la tuviéramos por madre, y ella que nos mirase como hijos.
Reloj de la pasión, en EE pp. 199-200

 

 

 

Antes de morir en la cruz, Jesús encomendó al discípulo amado el cuidado de su Madre: “Ahí tienes a tu Madre” (Jn 19, 27). Con la aceptación inmediata (“desde aquella hora”) de este don, Dios nos enseña –en la pasión de Jesús- a vivir en actitud filial para con María. Con esa entrega de María, el discípulo queda convertido en hijo.
No es extraño que, en su evangelio, el Discípulo Amado presente a María con algunos rasgos distintos de los sinópticos. Destaca, sobre todo, la narración de las bodas de Caná, en la que expresa la convicción de que María tuvo una función mediadora para que Jesús manifestase su gloria a los discípulos. El hecho proporcionó a éstos la inicial experiencia de fe (Jn 2,11). Esta misma narración nos presenta a María como una mujer sensible a las necesidades de todos. En su presencia – que capta necesidades y busca soluciones a las mismas-, el discípulo amado ve la tierna maternidad de María, que no puede soportar las penas de sus hijos. A través del mismo acontecimiento, María es también la “primera apóstol” de Jesús, que invita a tomarle por Maestro y Señor: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,15). Aceptar a María como madre nuestra es obedecer a Jesús, que equivale a entrar en relación de amor con Él (cf. Jn 15,10).
Claret recibió y vivió con gran hondura este don de la filiación mariana, y se esforzó por implántalo en la vida de todos los creyentes. En referencia a sí mismo, escribió: “María es mi madre, mi maestra, mi madrina, mi Directora y mi todo después de Jesús” (Aut 5). En su petición a ella para crecer en amor divino y en amor al prójimo le pide que le dé “hambre y sed de amor” (Aut 447), consciente de que ella lo posee en abundancia; y en su misión apostólica se considera como “una saeta puesta vuestra mano poderosa” para luchar contra el mal (Aut 270).
¿Qué lugar reservas a María en tu espiritualidad cotidiana? ¿Es tu relación con Ella meramente sentimental, o supone un impulso para buscar con más ahínco la voluntad del Hijo y entregarte a trabajar por los valores del Reino?