22 de Mayo | DIOS ESCRIBE RECTO…

22 de Mayo | DIOS ESCRIBE RECTO…

MEDITACIÓN DEL DÍA:

Todo mi objeto, todo mi afán, era la fabricación. Por más que diga, no lo encareceré bastante; era un delirio el que yo tenía por la fabricación. ¿Y quién lo habría de decir que esta afición tan extremada era el medio de que Dios se había de valer para arrancarme del amor a la fabricación?
Aut 67

 

        No sabes cuáles son los caminos de Dios ni los medios por los que te va alcanzando su amor, su llamada. La trama de tu vida no la conoces de antemano en toda su amplitud, profundidad, verdad. Aquí ocurre, por utilizar un símil, como en las buenas películas de suspense… que solamente al final se desvela ese suspense y la complejidad de la trama. Pues sí, ese Dios sigue siendo misterioso, como misteriosa es y será siempre la relación de amor que ha mantenido y seguirá manteniendo contigo.   Seguramente, y aun en medio de los ajetreos y agobios de la vida cotidiana, de las ideas y venidas, incluso de olvidos y despistes, también de tus problemas y dificultades, Dios sigue conduciendo tu historia por los caminos que solamente Él conoce, y sigue disponiendo tu corazón para que un día, saliendo a tu paso, te descabalgue para siempre, te tire por tierra y tú te encuentres, sin caretas ni defensas, con Él cara a cara.
Algo de esto, recordarás, le ocurrió al piadoso y religioso hombre de Dios, judío celoso y fiel como pocos, Saulo de Tarso, camino de Jerusalén a Damasco… ¿No solemos decir aquello de que “Dios escribe recto en renglones torcidos”? A veces aquello que nos parece fuera de lugar, torcido… está siendo el camino correcto, es decir, directo y recto, que Dios tiene para alcanzarte, y para llevarte más y más a su encuentro. Y es que creemos en un Dios más allá de nuestra imaginación, más allá de lo que el ojo vio y el oído oyó. Un Dios sorprendente y que nos sorprende a cada instante. Solamente a medida que pasa el tiempo vamos descubriendo la trama misteriosa de la vida, se van despejando los interrogantes, se disipan las dudas, se desvanecen los fantasmas.
Preguntémonos con lenguaje ignaciano: ¿No nos convendría ir haciéndonos indiferentes a todas las cosas creadas, de tal modo que no queramos más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, deseando y eligiendo solamente lo que mejor nos conduce hacia el fin para el que hemos sido creados? ¿No será que andas afanado y agobiado por tantas cosas, aquellas que crees y dices que son muy importantes, y estás perdiendo de vista lo esencial?