LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VÍRGEN MARÍA

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VÍRGEN MARÍA

Después de largos siglos de luchas ¡y qué luchas tan caballerescas en el seno de la cristiandad! en torno al privilegio de la Inmaculada Concepción de María, por fin el Papa Pío IX, secundando el deseo ardiente de toda la Iglesia, definió el dogma tan anhelado:
-María, por disposición especial de Dios, y en previsión de los méritos de la Sangre de Jesucristo, preservó a María de toda mancha de pecado original en el mismo instante de su Concepción. ¡María es Inmaculada, toda pura, sin sombra de culpa que desluzca su hermosura del todo singular!

Una persona íntima le preguntaba después al Papa:
– Santo Padre, ¿Y qué sintió al definir el dogma de la Concepción Inmaculada de María?

A lo que el Papa respondió:
“Es tal lo que experimenté y lo que aprendí al definir el dogma que no puede expresarlo una lengua humana. Mientras Dios proclamaba el dogma por boca de su Vicario, Dios mismo le dio a mi espíritu un conocimiento tan claro y tan profundo de la incomparable pureza de la Santísima Virgen, que, abismada en la profundidad de aquel conocimiento, mi alma quedó inundada de delicias inenarrables, que no son de este mundo y que no pueden probarse más que en el Cielo. No dudo en afirmar que el Vicario de Dios necesitó de una gracia especial para no morir de dulzura bajo la impresión de este conocimiento y de la belleza incomparable de María Inmaculada”.
Así se expresaba el querido Papa Pío IX, alma tan bella y tan inocente.

En esta fiesta de la Inmaculada Concepción nos toca a nosotros adentrarnos en este misterio,
con espíritu humilde, porque no lo llegaremos a comprender,
con amor de hijos, porque nos apasiona la belleza de nuestra Madre,
con alegría inmensa, porque no queremos desentonar de toda la Iglesia, la cual se regocija hoy al cantar con más ardor que nunca:
“Toda hermosa eres, María, toda hermosa y singular. ¡Concebida fuiste, María, sin pe-cado original!”…

¿Por qué María es Inmaculada?
Si abrimos la Biblia en su primera página, nos encontramos con una lucha gigantesca en-tablada por Satanás contra Dios. El ángel rebelde grita en el paraíso: -¡He triunfado!
Pero Dios no se deja vencer tan fácilmente ni tolera que nadie se ría de Él. Y en el mismo momento de la ruin victoria de la serpiente que ha engañado a la pobre mujer, seductora del hombre, Dios acepta la guerra y asegura la victoria final:
– Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, la cual machacará tu cabeza.
Dios señalaba a Jesucristo, el Nuevo Adán, asociando consigo a otra Mujer, la nueva Eva, la Madre de todos los vivientes. ¿Y esa Mujer escogida, iba a ser esclava de Satanás, aunque no fuera más que por unos momentos?…
Dios prevé desde entonces los méritos de la Sangre de Jesucristo, el Redentor que pro-metía al mundo. Por esa Sangre, salvará a Abraham, a los patriarcas, a los profetas, a tantos hombres y mujeres justos de la Antigua Alianza, como a Juan el Bautista, santificado en el mismo seno materno.
¿Y qué hará con María, la asociada a la obra salvadora de Jesús? Dios es con Ella más espléndido que con nadie. Por la Sangre de Cristo que iba a venir, Dios sacaba de la culpa a todos los que nacieron y se salvaban antes de la venida de Jesucristo. Por esa misma Sangre, Dios no quiso que María, la que iba a ser la Madre de Jesús y la colaboradora de la salvación, fuese pecadora, y la libró de caer en pecado alguno. María, de este modo, fue más redimida que nadie por Jesucristo.

Así podemos entender las palabras del Ángel: “¡Salve, la llena de gracia!”.
¿Llena de gracia y pecadora, aunque no fuera más que por un instante? ¡Imposible!
Al pueblo cristiano, guiado siempre en su fe por el Espíritu Santo, no le cabía esto en la cabeza. Y a esas palabras tan claras de la Biblia Enemistades perpetuas entre ti y la mujer…, La llena de gracia les dio la interpretación debida: La Virgen María no fue ni por un momento esclava de Satanás…, la Virgen María es Inmaculada.

María Inmaculada nos arrebata con su hermosura.
Pero no nos contentamos con los sentimientos de alegría que nos inundan al ver a nuestra Madre tan bella.
Queremos más, mucho más, y aceptamos el plan de Dios: nos miramos a nosotros mismos recién salidos de la pila bautismal, y nos vemos, como nos dice San Pablo, “santos, in-maculados, amantes”.
Así nos quiere Dios, que nos predestina y nos llama a esa pureza sin mancha, de la cual nos da un avance tan esplendoroso en la Concepción Inmaculada de María, imagen de la Iglesia y avance desde el principio de lo que será la Iglesia en su consumación, cuando aparecerá ante Jesucristo, su Esposo, sin mancha ni arruga ni nada que le deforme su preciosa faz…

María Inmaculada es un ideal de belleza y de amor especialmente para el mundo de hoy.
María, la Mujer Nueva, se nos presenta como la Mujer plenamente liberada de cualquier esclavitud.
María aparece desde el principio como luchadora invencible de Satanás.
María se nos presenta asociada a Jesucristo en su persona y en su misión, de modo que Jesucristo es la única razón de su vida y de su ser. ¿Y no es éste el ideal supremo de la Iglesia?…
Con Jesucristo, y con María al frente, luchamos contra el pecado original del mundo moderno y causa de todos sus males: el desamor, que lleva a la injusticia y a la impureza. María Inmaculada es para nosotros un ideal, y por el ideal se lucha hasta el fin…

P. Pedro García, CMF.