El Espíritu Santo también actúa a través de las personas que Dios pone en nuestro camino
Miércoles 4 de noviembre de 2026
Por el P. Freddy Ramírez, CMF.
Cuando fui destinado a Ciudad de Panamá, en 2014, recibí, entre otras responsabilidades, la de acompañar Radio Claret Digital. Para mí significaba entrar en un mundo que prácticamente desconocía. No tenía experiencia particular en medios de comunicación y tampoco podía decir que supiera exactamente qué hacer con aquel proyecto. Había que pensar en programación, transmisiones, equipos, colaboradores, servicios, contenidos y muchas otras cosas que fui descubriendo sobre la marcha. Como sucede tantas veces cuando recibimos una nueva responsabilidad, uno puede comenzar con entusiasmo, pero poco a poco va descubriendo el verdadero tamaño de aquello que tiene entre las manos.
Una de las cosas que más me preocupó fue conocer la situación económica de la radio. Los recursos disponibles apenas nos permitían afrontar durante uno o dos meses las responsabilidades que teníamos. Había colaboradores que dependían de aquellos ingresos, servicios que pagar, equipos que mantener y una programación que necesitaba renovarse. Entonces la pregunta dejó de ser solamente qué contenidos podíamos producir o cómo mejorar las transmisiones. Había una cuestión mucho más elemental: ¿cómo íbamos a sostener todo aquello?
Podía encontrar muchas razones para sentirme inseguro. No tenía demasiada experiencia en aquel mundo y tampoco disponíamos de grandes recursos. Sin embargo, había una misión que necesitaba continuar. Y fue precisamente allí donde comenzó un aprendizaje que con los años he llegado a valorar profundamente: cuando Dios pone una responsabilidad en nuestras manos, no significa necesariamente que tengamos desde el principio todas las capacidades, las respuestas o los recursos necesarios para realizarla.
Poco a poco comenzamos a buscar caminos. Hubo que usar la creatividad, revisar lo que estábamos haciendo, actualizar la programación, hacer visible el proyecto y, sobre todo, acercar personas. Algunas se ofrecieron voluntariamente para colaborar; a otras las fui llamando porque reconocía en ellas capacidades que podían enriquecer la radio; entre ellos, cabe destacar a Jesús Jiménez. Así comenzaron a surgir programas y nuevas iniciativas gracias a personas dispuestas a compartir su tiempo, sus conocimientos y sus talentos.
Aquello fue para mí un aprendizaje importante. Yo no tenía que saber producir todos los programas, dominar todos los aspectos técnicos ni tener todas las ideas. Parte de mi responsabilidad consistía también en mirar alrededor, reconocer los dones de otras personas e invitarlas a formar parte del proyecto. Algunos llegaron por iniciativa propia; a otros hubo que buscarlos y decirles: “Creo que tú puedes ayudarnos en esto”. Y muchas veces la respuesta fue generosa. La radio comenzó a enriquecerse con los dones de una comunidad mucho más amplia.
También la parroquia fue comprendiendo nuestras necesidades. Al hacer visible el proyecto, explicar lo que estábamos haciendo y compartir las dificultades que teníamos para sostenerlo, muchas personas comenzaron a solidarizarse con nosotros. Unos aportaban conocimientos, otros trabajo, otros recursos y otros sencillamente confianza. Lo que inicialmente podía parecer una responsabilidad que yo tenía que resolver comenzó a convertirse en una tarea compartida.
Un momento importante fue la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Panamá. Las multitudes que durante aquellos días llegaban al templo nos ofrecieron una oportunidad extraordinaria para hacer visible Radio Claret Digital. Muchas personas pudieron conocer el proyecto y nuestro alcance comenzó a crecer. Nosotros no habíamos creado aquella oportunidad, pero tuvimos que aprender a reconocerla y aprovecharla. También eso forma parte de la misión: estar atentos a las puertas que se abren y tener la creatividad necesaria para atravesarlas.
Después llegó la pandemia en el año 2020. De un momento a otro los templos tuvieron que cerrar sus puertas y la comunidad quedó físicamente dispersa. Aquello que hasta entonces podía parecer para algunos solamente un medio complementario adquirió una importancia pastoral que quizá no habíamos imaginado. A través de las transmisiones que realizábamos durante el día, Radio Claret permitió que muchas personas continuaran conectadas con la parroquia, pudieran participar de la oración, escuchar la Palabra y sentirse acompañadas por los claretianos en uno de los momentos más difíciles que hemos vivido.
Cuando las puertas del templo tuvieron que cerrarse, necesitábamos encontrar otras maneras de mantener abierta la comunidad. La tecnología se convirtió entonces en un puente. Las personas estaban dentro de sus casas, pero podían seguir escuchando, rezando y celebrando con nosotros. Aquella experiencia me hizo comprender con mayor claridad que un medio de comunicación, cuando está verdaderamente al servicio de la evangelización, puede convertirse también en un lugar de encuentro.
En medio de aquella misma realidad, en 2021 comenzamos a ver la necesidad y también la posibilidad de dar un nuevo paso: construir un estudio para el canal de YouTube de Radio Claret Digital. En plena pandemia podía parecer un momento poco favorable para iniciar un proyecto nuevo. Había incertidumbres y muchas necesidades, pero al mismo tiempo habíamos comprobado hasta qué punto los medios digitales podían convertirse en instrumentos de evangelización y comunión. Si tantas personas estaban llegando a nosotros a través de una pantalla, necesitábamos mejorar nuestra manera de encontrarnos con ellas.
Y ocurrió algo que todavía recuerdo con gratitud: pudimos contar con los recursos necesarios para iniciar aquel proyecto. No teníamos todo resuelto ni sabíamos hasta dónde podría llegar, pero apareció la posibilidad y decidimos dar el paso. Así comenzó a tomar forma el estudio desde el que podríamos producir nuevos contenidos y fortalecer nuestra presencia digital. Primero apareció la necesidad, después comenzamos a buscar una respuesta y, mientras caminábamos, fueron apareciendo también los medios necesarios para hacerla posible.
Mirando ahora todo aquel proceso desde la fe, creo que allí fui comprendiendo algo acerca de la manera de actuar del Espíritu Santo. A veces imaginamos su presencia solamente en experiencias interiores: una inspiración, una moción, una fuerza que sentimos durante la oración. Y ciertamente el Espíritu puede tocar nuestro corazón de esa manera. Pero también he aprendido a reconocer su presencia en lo cotidiano: en una idea que abre un camino, en la creatividad que aparece cuando los recursos parecen insuficientes, en el voluntario que ofrece gratuitamente su tiempo, en la persona que acepta poner sus capacidades al servicio de los demás y en una comunidad que comienza a sentir una misión como propia. Muchas veces la ayuda de Dios no consiste en quitarnos la dificultad, sino en suscitar alrededor nuestro una comunidad con la que podamos atravesarla.
Nuestra experiencia con una radio digital es muy distinta de aquella primera mañana de Pentecostés, pero hay algo que continúa interpelándome: cuando el Espíritu Santo actúa, la fe deja de quedarse encerrada y comienza a buscar caminos para llegar a los demás. Algunas veces ese camino será una conversación personal; otras, una comunidad, un micrófono, una cámara, una transmisión por internet o una pantalla a través de la cual alguien, quizá a muchos kilómetros de distancia, recibe una palabra que necesitaba escuchar.
San Antonio María Claret comprendió que la misión necesitaba de muchas manos. La tradición claretiana ha conservado una expresión que resume muy bien esa convicción: “Haré con otros lo que no puedo hacer yo solo”. Con los años esa frase ha adquirido para mí un significado muy concreto. Hay cosas que simplemente no habría podido hacer solo, no porque me faltara voluntad, sino porque la misión siempre es más grande que las capacidades de una sola persona.
Radio Claret Digital fue saliendo adelante porque muchas personas se hicieron parte de aquella misión. Algunas llegaron espontáneamente y ofrecieron su servicio como voluntarias; a otras las invitamos porque descubríamos que tenían algo valioso que aportar. Hubo quienes colaboraron en la elaboración de programas, quienes ofrecieron conocimientos técnicos, quienes aportaron ideas o recursos y quienes sencillamente creyeron en el proyecto. Con el tiempo comprendí que hacer visible una necesidad no significaba reconocer el fracaso de una obra. Podía significar abrir un espacio para que otros descubrieran que también ellos podían formar parte de ella.
El Espíritu Santo no hizo el trabajo en nuestro lugar. Fuimos nosotros quienes tuvimos que mejorar la programación, buscar recursos, mantener los equipos, producir contenidos, levantar el estudio, acercar colaboradores y aprender de nuestros errores. Pero en medio de todo aquello fueron surgiendo creatividad, generosidad, encuentros y oportunidades que muchas veces superaban lo que inicialmente habíamos imaginado. Hoy puedo reconocer en ese proceso una presencia discreta de Dios que no sustituyó nuestra responsabilidad, sino que la sostuvo y la hizo fecunda.
Cuando recibí la responsabilidad de Radio Claret Digital pensaba mucho en todo lo que necesitábamos y en todo lo que yo todavía no sabía hacer. Hoy pienso sobre todo en las personas que fueron apareciendo, en quienes aceptaron mi invitación a colaborar, en los voluntarios que ofrecieron generosamente sus capacidades, en la comunidad que creyó en el proyecto y en todas las manos que ayudaron a sostenerlo. Y comprendo mejor una verdad que entonces apenas comenzaba a aprender: Dios puede confiarnos una misión que supera nuestras fuerzas, pero no nos pide que la realicemos solos.
Oremos juntos
Espíritu Santo, ven en ayuda de mi debilidad. Cuando una responsabilidad supere mis fuerzas, recuérdame que no tengo que hacerlo todo solo. Dame creatividad para encontrar nuevos caminos, humildad para pedir ayuda y sabiduría para reconocer los dones de las personas que pones a mi lado.
Enséñame a confiar, a compartir la misión y a descubrir tu presencia en quienes ofrecen generosamente su tiempo, sus capacidades y su corazón.
Sostén mis esfuerzos y haz fecundo el trabajo de nuestras manos, para que todo lo que hagamos ayude a otros a encontrarse con Jesús.
Amén.
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