6 de marzo | INQUIETUD APOSTÓLICA INICIAL

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MEDITACIÓN DEL DÍA:

“Las primeras ideas de que tengo memoria son que cuando tenía unos cinco años, estando en la cama, en lugar de dormir, yo siempre he sido muy poco dormilón, pensaba en la eternidad, pensaba siempre, siempre, siempre; me figuraba unas distancias enormes, a éstas añadía otras y otras, y al ver que no alcanzaba al fin, me estremecía, y pensaba: los que tengan la desgracia de ir a la eternidad de penas…!”
Aut 8
 
 

Las primeras ideas de que tenemos memoria suelen referirse a experiencias que nos han marcado profundamente. Es bueno tener conciencia de esas experiencias porque nos ayudan a entender muchas cosas de las que nos pasan: dificultades, reacciones, sueños, motivaciones…
Esas experiencias primeras, en Claret, se relacionaron con el misterio de Dios y de la vida eterna, que intentaba imaginar según las categorías humanas, pero que no podía abarcar. Pero lo realmente interesante de esa experiencia del niño Antonio Claret es el estremecimiento que le produjo pensar en la eternidad desgraciada del prójimo. Fue un sentimiento que penetró hasta lo más profundo de su ser, marcándolo con una gran motivación misionera.
Nos lo dice explícitamente en la autobiografía: “Esa idea de la eternidad desgraciada… es el resorte y aguijón de mi celo para la salvación de las almas” (Aut 15). Después, en Barcelona, parece que empezó a preocuparse por su propia salvación: “¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?”. Y decidió hacerse cartujo para asegurarla bien, alejado de un mundo que más bien parece que le apartaba de Dios.
Pero después volvió la experiencia primera y dedicó todos sus esfuerzos y capacidades a la salvación del prójimo.
¿Cuáles son mis primeras experiencias? ¿Cómo han ido marcando mi vida?