31 de diciembre | ATENCIÓN A LOS OYENTES

31 de diciembre | ATENCIÓN A LOS OYENTES

MEDITACIÓN DEL DÍA:
“El estilo que me propuse desde el principio fue el del santo Evangelio: sencillez y claridad”

Aut 297

 

Estamos viviendo una época de innumerables mensajes; nos llegan desde todas partes. Es la era de la hiper-comunicación. Quizás los que más abundan son los pequeños mensajes de texto que nos impactan a diario desde la telefonía móvil. Para la marcha cotidiana necesitamos mensajes ágiles y prácticos que nos orienten, nos expresen sentimientos, nos envíen noticias y, en definitiva, llenen nuestros vacíos.
El estilo de comunicación que se acrecienta en estos momentos es el de la imagen, del sonido y del mensaje que afecte a nuestros sentidos. La abstracción, la erudición o las formas de razonamiento riguroso quedan reservadas a grupos reducidos de personas. En la enseñanza de los primeros niveles, también los docentes constatan que para motivar el aprendizaje deben multiplicar y articular diversas técnicas y que no basta con transmitir información.
Por todo lo dicho, el ámbito del lenguaje cobra hoy una importancia altamente significativa; en ningún ámbito formativo y de transmisión de mensajes se puede obviar la elección consciente del lenguaje que se deberá emplear.
Pues bien, Jesús en su época se destacó por utilizar el lenguaje y las figuras de la vida cotidiana con el fin de hacer accesible nada menos que el Misterio de la salvación, adecuándolo a la capacidad de los oyentes (cf. Mc 4,33). Sin embargo, en diversas etapas de la historia los cristianos hemos olvidado algo la práctica de Jesús, pretendiendo comunicarnos con lenguajes alejados de la sencillez y claridad del Evangelio. Es una tarea urgente recuperar esas claves de lenguaje, a veces muy simbólico pero no críptico, para llegar al corazón de las personas de nuestro tiempo.
Pensando en el modo y el lenguaje en que nosotros asimilamos la fe, ¿qué desafíos percibimos a nuestro alrededor para su transmisión?