3 ORD B - TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

3 ORD B - TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Estimadas familias: gracia y bendición para ustedes. Que en este día en que celebramos la victoria de la vida sobre la muerte puedan ustedes crecer más en el amor.

El Evangelio que se proclama este domingo nos ubica en los comienzos del ministerio público de Jesús. Se trata de una contextualización histórica, geográfica e incluso teológica que nos pone de frente a la persona de Jesús, el Mesías. Él es un hombre real, con un camino histórico, que vive en medio de un pueblo con el que comparte a manos abiertas la experiencia de ser y sentirse el Hijo Amado del Padre.

Jesús inicia su ministerio después del arresto de Juan Bautista. Como sabemos, Juan dio origen a un movimiento de conversión que inquietó a toda la sociedad de Israel. Su impacto tuvo tal fuerza que Herodes, al temer una revuelta y ser cuestionado en su vida moral, buscó arrestarlo y condenarlo a muerte. Jesús se hace portador, por así decirlo, el legado profético del Bautista, quien le abrió el camino preparando la mente y el corazón del pueblo para recibir las promesas del mundo nuevo.

El texto afirma que después de este acontecimiento Jesús se marchó a la zona Cafarnaúm, en la provincia Galilea, ubicada en los márgenes del país, cerca de los pueblos paganos; zona históricamente devastada por las invasiones. Es en ese lugar donde el humilde Nazareno levantó su voz llamando al pueblo a la conversión y a la esperanza: “El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia”. Dios está cerca de su pueblo, mantiene vigente su Alianza, su reinado es inminente; sólo hace falta el nuestra respuesta libre aceptando la acción de su Mesías. Jesús se hace acompañar de sus primeros discípulos. Unos cuantos pescadores, testigos de esta prodigiosa manifestación de Dios, serán los propagadores de la Buena Noticia que mantiene su eco hasta nuestros días. Pedro, Andrés, Santiago y Juan, dejando sus redes, dan la respuesta de la fe a la invitación del Señor a acoger el Reino en sus vidas. Se convierten así en los primeros protagonistas de los tiempos mesiánicos.

Hermanos y hermanas: la gran luz del Evangelio sigue brillando en las tinieblas. Sobre nuestras familias no debe pesar el signo de la frustración y la desesperanza ya que Dios sigue manifestando su amor incluso en aquellas situaciones donde ya no vemos solución. Dios es fiel a su Alianza y nos ofrece a Jesús, Camino, Verdad y Vida. El Reino puede acontecer en nuestra existencia si le acogemos con una fe humilde y generosa. Pongamos en manos del Señor nuestro extravío, nuestra poca fe, nuestros fracasos, nuestras lágrimas. Él está cerca de nosotros y puede renovar todas las cosas. Este es el tiempo oportuno.

Cordialmente, P. Freddy Ramírez Bolaños, cmf.