Domingo 17 de abril de 2016

apacienta mis ovejas

4° Domingo de Pascua

San Juan  10, 27-30: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen”


Queridos hermanos y hermanas, reciban de mi parte un saludo afectuoso deseándoles paz y vida abundante en sus hogares.

Hoy celebramos, como Iglesia, el Domingo del Buen Pastor. Hacemos memoria de Jesús que, con sus gestos y sus palabras, convoca de los cuatro puntos cardinales al Pueblo de Dios disperso para hacernos una gran familia. También celebramos y oramos por aquellos que dentro de la Iglesia tienen una misión especial de pastorear y apacentar a los hermanos en la fe: los sacerdotes, los religiosos y religiosas y laicos comprometidos que se han apasionado por Jesucristo y han dado un sí radical para continuar su obra en el mundo.

En el texto evangélico que hoy se nos proclama, Jesús presenta su misión desde una imagen muy significativa: la del buen pastor. Entre el pastor y las ovejas hay una relación de mucha cercanía; el pastor cuida del redil, conoce el nombre de cada oveja, las ovejas reconocen su voz, él les abre la puerta y las conduce hacia afuera para que se alimenten. Tan importante es esta imagen del pastor que los profetas del Antiguo Testamento identifican a Dios como el único pastor del pueblo, en contraposición con los gobernantes que acaban con el alimento y la vida misma del pueblo. Jesús asume con toda radicalidad esta idea afirmando que Él no viene a matar, a robar o destruir, sino a darnos vida en abundancia.

Hoy, como familias, reproducimos y cumplimos la misión de ser pastores, guiando a las nuevas generaciones a la fuente viva de la fe. Estamos llamados a defender a nuestros hijos de una sociedad que le ha dado la espalda a Dios, el Padre de la Vida. Con Jesús, el gran pastor, levantamos la voz y el cayado para ahuyentar a lobos y ladrones de nuestros hogares. Jesús nos invita a entrar por la puerta, no a quedarnos afuera, sino a entrar para experimentar la alegría de ser hijos e hijas de Dios. Hermanos y hermanas, comprendamos que sólo unidos a Él encontraremos el sentido de la historia que nos toca escribir como familias. No seamos sordos a su voz.

Este es el tiempo oportuno.
 

Cordialmente, P. Freddy Ramírez Bolaños, cmf.