9 de septiembre | EL AMOR LLEVA A AGRADAR

MEDITACIÓN DEL DÍA:

*363.- “Ya que a Dios le llamáis Padre, y lo es, portaos como un buen hijo; temed darle el más pequeño disgusto y esmeraos en complacerle en todas las cosas, como nos ha enseñado Jesucristo”
Carta Ascética… al presidente de uno de los coros de la Academia de San Miguel. Barcelona 1862, p.4
 

 

Ya el Dios del Antiguo Testamento es se presenta como el Dios amigo, el Dios esposo o el Dios Padre. Te invito hoy a leer el cap. 11 de Oseas y contemplemos allí la ternura de un Dios a quien, al pensar en su pueblo-hijo,  “le da un vuelco el corazón y se le conmueven las entrañas”. También puedes ver Deuteronomio 32,5-6, donde se dice que “siendo Él tu padre y tu creador, el que te dio el ser… hijos degenerados se portaron mal con Él”. Ignoran mucho los que ven en Yahvé sólo al Dios del terror y de la ira.
Este aspecto paternal de Dios Jesús lo acentuó todavía más: le designa casi siempre como “el Padre” y le invoca con el diminutivo Abbá, que significa más bien “papá”, con un matiz especial de ternura. Los seguidores de Jesús participan en esa filiación, por eso Jesús los enseña a que oren a Dios llamándole “Padre” (recordemos el “Padre Nuestro”). Y esto se convirtió muy pronto en el normal uso eclesial; los gálatas, a pesar de hablar un idioma celta, y los romanos, que hablan latín o griego, invocan a Dios con la palabra Abbá (cf. Gal 4,6;  Rm 8,15).
Claret se identificó muy pronto con esta espiritualidad filial. Hablando de su oración de niño, escribe: “¡con qué amor hablaba con el Señor, con mi buen Padre” (Aut 40). En aquella temprana edad comenzó a sentir vocación de apóstol para trabajar por la salvación de sus hermanos y para evitar los pecados, que son “injuria infinita a mi Dios, a mi buen Padre” (Aut 16).
La espiritualidad filial es relación de amor, cuya consecuencia es la obediencia. Jesús decía: “mi alimento es hacer la voluntad del que me envió” (Jn 4,34). Claret quiere imitarle en esa disponibilidad, y ora así: “Ay, Señor y Padre mío, no deseo más que conocer vuestra santísima voluntad para cumplirla, no quiero otra cosa más que amaros con todo fervor y serviros” (Aut 136).
¿Cómo es tu relación con Dios Padre? ¿Suscita en ti sentimientos de amor? ¿Ardes en deseos de agradarle, de que todo se haga según su voluntad?

 

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