75. El más importante

75. El más importante

Parece que aquel día Jesús caminaba apartado del grupo, pero al llegar a casa adivinó que algo especial habían tratado los Doce:

-¿De qué iban discutiendo por el camino?

Silencio miedoso, que alguno lo rompe con decisión:

-Maestro, ya vemos que, al llegar el Reino de Dios, a Simón Pedro le das el primer puesto. Aparte de él, ¿quiénes serán los más importantes?

El bueno de Jesús tenía que derrochar una paciencia ¡que vamos!… Y esta vez respondió con un gesto que en la Iglesia lo sabemos bien porque lo recordamos veces innumerables. En vez de un discurso, Jesús llama a un niño pequeñito que jugueteaba por la casa o por la puerta de la calle, lo pone en medio de los Doce, lo toma en sus brazos con cariño inmenso, y sentencia: “Quien quiera ser el primero, ha de hacerse el último de todos”.

Y como entonces el niño no significaba socialmente nada, añade estas palabras que nos saben a dulzura celestial:

-Quien recibe a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe; y quien me recibe a mí, no es a mí a quien recibe, sino a mi Padre, que me ha enviado.

 

 

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