20 de enero | MARÍA MADRE DE DIOS

20 de enero | MARÍA MADRE DE DIOS

MEDITACIÓN DEL DÍA:
“María había de ser Madre del mismo Dios. Es un principio de filosofía que entre la forma y las disposiciones de la materia ha de haber cierta proporción: la dignidad de Madre de Dios es aquí como la forma y el Corazón de María es la materia que ha de recibir esta forma. ¡Oh, que cúmulo de gracias, virtudes y otras disposiciones se agrupan en aquél santísimo y purísimo Corazón”

Carta a un devoto del Inmaculado corazón de María, en EC, II, p. 1499

 

Sin duda esas admiraciones del alma de Claret ante tantas virtudes y gracias son una fuerte invitación a contemplar a María. Al mirarla -dice Benedicto XVI en su alocución del 8 de diciembre de 2005- “se aviva en nosotros, sus hijos, la aspiración a la belleza, a la bondad y a la pureza de corazón. Su candor celestial nos atrae hacia Dios, ayudándonos a superar la tentación de una vida mediocre”.Ocurre que muchos de nosotros somos de tan poca estatura que no vemos, como Zaqueo. La solución para poder mirar y captar a la Virgen con ojos asombrados está en auparnos sobre los hombros de los santos, como ya en el siglo XII lo expresaba Bernardo de Chartres: “Somos enanos a hombros de gigantes, y si acertamos a ver más lejos no es porque nuestra vista sea más aguda, sino porque ellos nos alzan sobre su estatura gigantesca”.También podemos subirnos a los hombros de la liturgia de la Iglesia, para otear horizontes que no vemos por nuestra baja estatura espiritual. En el prefacio de la Misa del Corazón de María, se dan solemnemente gracias a Dios “porque has dado a la Virgen Madre un corazón sabio y dócil, dispuesto siempre a agradarte, un corazón nuevo y humilde, para grabar en él  la ley de la Nueva Alianza, un corazón sencillo y limpio que la hizo digna de concebir virginalmente a tu Hijo, un corazón firme y dispuesto para soportar la espada de dolor y esperar, llena de fe, la resurrección de su Hijo”. Aquí tenemos un hermoso panorama que contemplar y una fuerte motivación para desear ardientemente tener un corazón parecido.Subámonos también a los hombros de los poetas: “Era Ella/ y nadie lo sabía/ pero, cuando pasaba/, los árboles se arrodillaban/. Anidaba en sus ojos el Ave María/, y en su cabellera se trenzaban las letanías” (Gerardo Diego).¿Has pensado alguna vez en crear tus propias letanías de piropos?