13 de mayo | CENTRALIDAD DEL AMOR

13 de mayo | CENTRALIDAD DEL AMOR

MEDITACIÓN DEL DÍA:

La caridad es la reina de las virtudes, es como el sol entre los astros, es como el oro entre los metales, es la que da vida a todas las virtudes; pero, si la caridad falta, todo falta, nada sirve, como dice el Apóstol.
Carta ascética… al presidente de uno de los coros de la Academia de San Miguel. Barcelona 1862, p. 13

 ¿Quién no ha experimentado la diferencia entre la fría atención de un funcionario que trabaja por obligación y la atención personalizada de quien asume su trabajo como un servicio al hermano? En nuestra sociedad, ¿no es cierto que somos un “paciente”, un “cliente”, un “pasajero”, y que nos sentimos tratados como seres anónimos, como “números”? A veces incluso se nos da un “número” con el que se nos identifica, se nos llama, se nos atiende. Ciertamente se resuelve nuestro problema, y se nos ofrece lo que necesitamos, pero lo que somos, lo que sentimos, mi persona, mi “yo” no se tiene en cuenta, no interesa.

            Nosotros mismos damos una limosna a un pobre y nos olvidamos de él: pretendemos aliviar una necesidad y quedamos tranquilos, pero no nos importa ni nos interesa saber quién es, qué hace, por qué ha llegado a esta situación, qué necesita verdaderamente. Podemos hacer grandes cosas, resolver grandes problemas de la humanidad, pero si falta caridad, si no hay amor, todo queda a medio camino.
            Jesús llega al corazón de cada uno porque se dirige personalmente a él: es el joven rico, es la madre viuda, es María Magdalena, es Pedro a quien Jesús habla. De algunos sabemos sus nombres, porque eran conocidos para la comunidad cristiana; pero para Jesús no hay seres anónimos. El no da su vida por el “género humano”, no muere en la cruz por “la humanidad” de un modo abstracto; te habla a ti, muere por ti, te salva a ti, te quiere a ti personalmente.
            “Más allá de la apariencia exterior del otro, dice Benedicto XVI, descubro su anhelo interior de un gesto de amor, de atención, que no le hago llegar solamente a través de las organizaciones encargadas de ello, y aceptándolo tal vez por exigencias políticas. Al verle con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho más que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que él necesita”.
            ¿Te has preguntado alguna vez por la vida de las personas que te rodean? ¿Te has interesado por los problemas, la situación familiar, o los sentimientos de quienes se relacionan contigo o de las personas que encuentras a lo largo de tu jornada?

 

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