13 de abril | COMPARTIR EL PROYECTO DE JESÚS

13 de abril | COMPARTIR EL PROYECTO DE JESÚS

MEDITACIÓN DEL DÍA:

 

En la casa del Padre hay muchas habitaciones, y a cada uno se le dará la gloria según la fidelidad con que haya correspondido a la gracia. Para entrar en la gloria celestial es necesario el bautismo, y además, cuando el cristiano ha llegado al uso de razón, debe cumplir la ley de Dios, como Jesucristo mismo dijo a aquel joven del que habla el Evangelio; pero quien desea ser perfecto debe desprenderse de las cosas terrenas y seguir a Jesucristo.

L’egoismo vinto. Roma 1869, p. 53. Retrotraducido en EE p. 413

 

 

“Seguir a Jesús”: he aquí el núcleo de la vocación cristiana. Jesús invita al seguimiento y optar por ello es una libre decisión que debe tomar cada uno. Seguir a Jesús no es simplemente apuntarse a un grupo o asumir una cierta ideología. Seguir a Jesús es, ante todo, dejarse acompañar por una persona, abrir la propia vida al impacto que tiene el encuentro con ella.Caminar con Jesús es dejar que cada una de sus palabras y sus gestos penetren nuestro corazón y susciten aquellas preguntas y actitudes que van a cambiar nuestra vida. Dejarse acompañar por Jesús es estar dispuesto a asumir sus opciones y a vivir una experiencia de fraternidad basada en la común condición de hijos del mismo Padre. Seguir a Jesús exige estar preparado a asumir la cruz cuando ella es necesaria para la erradicación del mal de nuestro mundo. Estar con Jesús significa buscar ante todo el Reino de Dios y su justicia y confiar todo lo demás al amor providente del Padre  (cf. Mt 6,33).Jesús es fiel a su palabra y nunca abandona a quienes le han seguido. De hecho, es siempre él quien llama e invita, porque nos quiere siempre a su lado. Por ello, al final del camino, nos espera para compartir con nosotros para siempre la bendición y el amor del Padre. La vocación cristiana va más allá del tiempo que nosotros podemos medir: nos abre a una comunión con Jesús, y en él con todos nuestros hermanos, que no conoce límites en tiempo ni en intensidad. La experiencia de una verdadera fraternidad universal, que todos llevamos como anhelo profundo dentro de nuestros corazones, es el don que podremos saborear si seguimos caminando con él.

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