12 de marzo | ANUNCIO INFATIGABLE DE LA PALABRA

12 de marzo | ANUNCIO INFATIGABLE DE LA PALABRA

MEDITACIÓN DEL DÍA:

“La predicación de la divina palabra (…) no debe jamás descuidarse, y especialmente en todos los días festivos; singularmente en el Adviento y en la Cuaresma, la divina palabra debe ser anunciada con mayor fuerza y energía”
L’egoismo vinto. Roma 1869, p. 77. Retrotraducido en EE p. 429
 
 

 

Claret comentaba en su Autobiografía: “La palabra divina sacó de la nada todas las cosas. La palabra divina de Jesucristo restauró todas las cosas. Jesucristo dijo a los Apóstoles: Euntes in mundum universum, praedicate evangelium omni creaturae (=id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura). San Pablo dijo a su discípulo Timoteo: Praedica Verbum (=predica la Palabra). La sociedad no perece por otra cosa sino porque ha retirado a la Iglesia su palabra, que es palabra de vida, palabra de Dios. Las sociedades están desfallecidas y hambrientas desde que no reciben el pan cotidiano de la palabra de Dios. Todo propósito de salvación será estéril si no se restaura en toda su plenitud la gran palabra católica” (Aut 450).
El Hijo de Dios se hizo hombre no sólo para asumir un cuerpo, sino para asumir la palabra humana y poder comunicarla a los oídos de los hombres. Había muchos oídos esperando, pero faltaba la Palabra.
Hoy hay una gran cantidad de palabras, pero poca comunicación. Vagan por el mundo millones de “solos”. Claret se propuso: “que Dios fuera conocido, amado y servido por todos” (Aut 202). Sin el conocimiento de Dios no hay posibilidad de entrar en diálogo con él, y mucho menos en confiarse a él como un hijo a su padre. La palabra es el primer paso. Claret sabía que su palabra no podía compararse con la Palabra del Señor, que “hablaba con autoridad” (Mt 7, 28), por eso intentaba que la gente se acercase a las mismas palabras del Señor, a través de la lectura y el conocimiento de los evangelios, especialmente el de Mateo. Y no se paraba a la hora de seleccionar el auditorio: “El Señor me dio a conocer que no sólo tenía que predicar a los pecadores sino también a los sencillos de los campos y aldeas había de catequizar, predicar, etc., etc…” (Aut 118).

 

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