12 de Junio | EL FUEGO DEL ESPÍRITU IMPELE A LA MISIÓN

12 de Junio | EL FUEGO DEL ESPÍRITU IMPELE A LA MISIÓN

MEDITACIÓN DEL DÍA

El amor de Dios y del prójimo produce un efecto muy semejante al del fuego. El fuego de la pólvora hace saltar por los aires cualquier objeto que lo comprima, impele hacia arriba las balas y las bombas; el fuego del vapor hace correr a toda velocidad los vagones de los trenes y empuja los buques que surcan la olas del mar; así, el fuego del Espíritu Santo hizo que los santos apóstoles recorrieran el universo entero.
L’egoismo vinto. Roma 1869, p. 60. Retrotraducido en EE p. 416-417

 

Claret tiende a recoger de su experiencia pensamientos que estimulen la imaginación de los que le escuchan. Estamos en la época de la revolución industrial; la fuerza y la velocidad se han convertido en una obsesión. Cuando Claret escribe sus artículos periodísticos sobre el amor de Dios, los titula “El Ferrocarril”. En un momento del diálogo entre D. Juan y D. Prudencio, comenta este último:
“Todos los hombres estamos llamados a emprender y seguir el camino de la Jerusalén de la gloria. El mismo Dios nos lo ha trazado, y ese camino no es otro que el amor. Como los caminos de hierro, tiene éste dos líneas que son: amar a Dios y amar al prójimo. La locomotora es la caridad, que anda con celeridad mayor o menor en razón directa de sus grados de calor, o sea, de amor. Cada uno de los coches en que andan las gentes, lleva el mismo nombre, que es la voluntad de Dios. Todos y cada uno de ellos tienen cuatro ruedas: las dos delanteras son la Religión y la Moral: las otras dos son la Obediencia a la Autoridad eclesiástica y la Obediencia a la Autoridad civil. Si estas cuatro ruedas andan todas, y todas andan por las dos líneas marcadas, los viajeros andarán mucho camino y llegarán felizmente a la ciudad de la Gloria, sin percances ni cansancio, y con todas las riquezas de méritos y obras buenas que atesoraron y llevan consigo”.
La cita es algo larga; lo importante es que expresa con fidelidad cómo el amor a Dios y al prójimo es, para todos, el único camino: llegar al Padre a través de la entrega a los hermanos. El hermano es un lugar de consagración, y gracias a él se producen efectos insospechables. Sabemos que la entrega a los hermano convierte a Dios en un manirroto.


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