11 de marzo | MEDIACIÓN DE MARÍA EN LA EVANGELIZACIÓN

11 de marzo | MEDIACIÓN DE MARÍA EN LA EVANGELIZACIÓN

MEDITACIÓN DEL DÍA:

“Dios nuestro Señor, para abatir y destruir las herejías, los errores y los vicios que el demonio se esfuerza por suscitar y propagar con todos los medios imaginables, se vale de la Virgen María y de sus fervorosos devotos, a los que Ella socorre de un modo especialísimo”
L’egoismo vinto. Roma 1869, p. 52. Retrotraducido en EE pp. 411-412
 
 

 

Nos repugna la mentira, y la injusticia hiere nuestra sensibilidad humana. La violencia que castiga a tantas personas y pueblos, sobre todo a los más débiles, nos causa una terrible desazón. En el fondo, se trata siempre de sucedáneos del deseo de poder y de la ambición por querer dominar a los demás. Parece que, para algunos, sea lícito manipularlo todo, incluso al ser humano, para afianzar una situación de privilegio que es incapaz, por otra parte, de conducir a una verdadera felicidad. Las “obras del demonio” aparecen a través de estas situaciones que causan muerte y sufrimiento, que profanan la dignidad sagrada de las personas e impiden a la historia avanzar hacia los horizontes de paz y fraternidad que Dios le tiene señalados.
¿Cómo contrarrestar estas fuerzas del mal? ¿Dónde encontrar la energía espiritual para mantener el compromiso por el bien, por la justicia, por la verdad?
San Antonio Mª Claret  recuerda a los fieles la figura de María. Ella es el icono de quienes escuchan la “Palabra de Dios y la ponen en práctica” (cf Lc 8,21). Acoger de verdad la Palabra, que revela la dignidad de la persona, nos prepara para respetar concretamente esta dignidad en la vida de cada día. Abrir el corazón a la Palabra, que nos invita a mirar a la Creación como un don a compartir, crea un dinamismo profundo de solidaridad. Escuchar atentamente la Palabra, que nos descubre la fraternidad y la justicia como el horizonte necesario de la historia para vivir cada momento con sentido, es un reclamo constante a superar el egoísmo y avanzar por caminos de amor y solidaridad. María acogió esta Palabra de Dios y puso todo su ser al servicio de la realización del plan de Dios.
La Madre de Jesús, “la Palabra hecha carne” (cf. Jn 1,14), orienta a quien se acerca a ella a asumir en su propia vida aquellos rasgos y actitudes que hacen de la vida de cada uno una alabanza a Dios y una bendición para los demás.

 

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